En verano, hasta que se recogía la nueva cosecha de cereales, se hacía el pan con los restos de centeno que quedaban en los graneros. Era frecuente que el cereal estuviera infectado de un hongo conocido como cornezuelo del ergontismo, que genera sustancias como la ergotamina, de la que deriva el LSD.

El desconocimiento de las propiedades tóxicas del hongo, permitió que se utilizar el grano de centeno infectado, provocando al consumirlo devastadoras enfermedades en la población.

Este envenenamiento provocaba alucinaciones, convulsiones, gangrena y muerte súbita. Durante la Edad Media, se describieron frecuentes epidemias por esta causa, a las que se llamó “fuego de San Antonio” o “fiebre de San Antonio”. Sufrían los nefastos efectos de este pan alucinógeno pueblos enteros.

La cura consistía en dejar de comer el centeno contaminado y peregrinar a Santiago de Compostela.

 

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